Titulo: inspiración
Autora: yo ._./ nana-nanana-nananana-nana!
Extensión: Drabble (¿)
Género: Shonen-ai
Nota: esto es uno de mis delirios nocturnos, no entiendo
porque salió YamaJima, se suponía que seria TakaYama, a demás, eh de advertir
que no lo releí por lo que supongo que hay muchos errorcitos ¿Qué más se
espera? UwÚ ¡soy yo! –aunque es más probable que hable conmigo misma a que me
dirija a alguien (¿) XD-
Caminaba de un lado a otro, no sabía qué hacer, no tenía
idea, ni la mas mínima de lo que podría hacer, tenía apenas dos días, y debía
entregar el manuscrito de su obra, pero, nada se le ocurría, por más que mirara
por su preciosa ventana que siempre le incitaba a escribir, nada pasaba, por más
que pusiera la hermosa música clásica que tanto amaba de fondo, tampoco, nada
parecía querer funcionar, y era que estaba en la escena más importante de su
obra, y carecía de emoción, por más veces que la hubo hecho y deshecho, no
podía acabarla, y ser impuntual en su trabajo, no era propio suyo, se detuvo y
respiro hondo, intentado tranquilizarse, se hizo un poco de café, puso música
de fondo, y acomodo una silla a un lado de la ventana, revolvía la taza que
contenía un liquido caliente, y lo hacía para extinguir aquellas partículas
blancas, y combinarlas al agua, produciendo un dulce efecto, apetitoso a su
paladar, probo aquella maravilla, y miro por la ventana, el día parecía frió, tanto
que empañaba con levedad su ventana, el vapor del café le cubrió por unos
segundos la visión, pues las gafas, tal como cualquier otro vidrio, con vapor
se empañaba, tal cual la ventana, pero
cuando logro liberarse de su ceguera de efímeros segundos, miro directamente a
la ventana, esta se encontraba en un segundo piso, así que se podía ver perfectamente
hacia la calle, y era allí, precisamente, en donde sus ojos se posaron, un
joven, pero no era cualquier joven, a su parecer, algún aura especial le
rodeaba, a simple vista, de cualquier otro que no fuese Ryosuke Yamada, era un
chico común y corriente, un chico ordinario, pero para él, era la maravilla del
siglo, y quien salvaría su empleo, cual amaba, dejo el café a un lado, y puso
su laptop , y con un ágil movimiento de dedos, sus pensamientos se volvieron
palabras, las conjeturas de todas sus ideas previas, se hicieron una sola y
bailaron al compás de las teclas mientras eran escritas vehementemente, el
muchacho alto, en la calle, aguardo varios minutos en la misma posición,
parecía relajado, parecía esperar a alguien, el muchacho vestía completamente
de negro, su piel blanca era casi como la nieve, su cabello negro lucia algo
despeinado, pero para nada descuidado, oía música, ¿Qué música? Pues solo el
sabia, pero por lo visto, era agradable, de vez en cuando, movía la cabeza y
sus manos chocaban contra su cuerpo, formando un ritmo singular, sus ojos se
mantenían cerrados por breves momentos, su cuerpo estaba apoyado contra una
pared , y su pierna izquierda alzada, apoyada también a la pared, lo que más
desconcertaba, era que con tal frió, aquel muchacho usaba una ligera camiseta,
sin mangas, y parecía no tener frió, a pesar de que de sus labios despidiera
vaho como si nada. Pronto, los segundos se alargaron a minutos, y los minutos a
horas, el muchacho llevaba dos horas allí, casi en la misma posición, de no ser
porque había cambiado el pie en el cual se apoyaba en la pared, pero ni una
sola vez miro el reloj, y ni una sola vez miro de un lado a otro, y tal como un
modelo de pintura, se mantuvo firme, Yamada tecleaba feliz las últimas palabras
de su historia y rápidamente, puso el punto final, exhalo con energía y alivio,
entonces volvió a mirar hacia la ventana, y vio que aquel hermoso cuadro de
ensueño, se había vuelto más real y factible, aquel pelinegro frotaba sus
brazos, algo que atribuía al frió, el castaño corrió a su habitación y tomo una
chaqueta negra, de lo más gruesa, y corriendo salió de su casa, miro de un lado
a otro, antes de cruzar la puerta, y sus ojos chocaron con las del muchacho,
que ahora podía ver de cerca, era más alto que el, una sonrisa triunfante bailo
en sus labios, y caminando rumbo a él, ofreciéndole aquella chaqueta que tenia
entre las manos
-Es la última vez que hago esto- hablo la voz un tanto
congestionada del alto
-Yuto, me has salvado la vida, gracias –
-nada de gracias, yo quiero mi premio – y como si nada, tomo
las mejillas del bajito, y beso sus labios, encajaban tan perfectamente, que
esto duro un par de minutos, sumándole al infantil abrazo del mayor y más bajo,
al separarse, ambos se miraron profundamente, como si en los ojos del contrario
hubiese un pozo sin fondo, y sonrieron a la vez
-mi inspiración~ te amo yuto~ - y solo obtuvo como respuesta
un violento estornudo de su novio.
Fin~